La historia de la letra H

Hace mucho tiempo, las letras vivían juntas en una ciudad. Un buen día, la letra H se fue de excursión al bosque.
Iba paseando, buscando champiñones, y jugando con las luces que se reflejaban de árbol en árbol. Y entonces, las primeras gotas de lluvia le cayeron encima.
Lo malo es que fue una gran tormenta, y aunque la letra H trató de encontrar un sitio seco, no lo encontró, y se mojó toda.

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Tiempo de viento

Tenía treinta minutos por delante, antes de sentirse con las fuerzas necesarias para volver a subir a la casa. Tiempo suficiente. En la calle, el viento despeinaba las desafiantes señoras, que se empeñaban en caminar rectas, charlando sobre el café con leche y croissant, que justo acababan de tomarse, recordando los octubres de viento de años atrás.

Los jóvenes apresuraban sus pasos, para ir al encuentro de amigos y parejas, tras un día de cafés y risas, en las cafeterías de las distintas facultades; buscan citas y conciertos para las próximas fiestas. Los ejecutivos, con sus maletines de piel, comienzan a salir de las empresas, subiéndose a coches caros, y abrillantados. A uno se le vuela un sombrero, que se para unos metros más allá, al enredarse con las ruedas de un carrito de bebé.

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Lápices, inspiración y tiempo

Le llamaban Don Manuel. Era uno de los vecinos más conocidos de aquel distrito. Ahora, con casi 80 años, era un hombre reconocido no sólo en su ciudad natal, sino también en todo el país. Don Manuel era un escritor de éxito, aunque sus principios no fueron demasiados sonados.

Sus comienzos como escritor fueron más bien tristes. Escribía relatos cortos, de pocas páginas, ideas buenas, pero mal encadenadas, los editores le decían que ya le llamarían. Estuvo a punto de dar marcha atrás en su idea de ser escritor.

Pero entonces, llegó a esa papelería. Entró por curiosidad, los globos de colores del escaparate, y los numerosos cuadernos de hojas blancas parecían llamar a las personas que por allí paseaban.

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¿Cómo me ven mis hijas?

En los meses de verano, pude leer en un par de blogs varias preguntas para realizar a nuestros hijos, para saber como ellos mismos nos ven a nosotras, sus madres. Se trata de un juego bastante divertido y con algunas respuestas un tanto peculiares. Intenté que ambas Genovevas lo hicieran, pero la petite es muy suya, y al escuchar las respuestas de su hermana, pretendía contestar lo mismo. O decir no sé.

ven mis hijas

Tuve que hacer las preguntas a cada una, por separado, aún así, nos lo pasamos muy bien. Y por supuesto, luego hubo algunas preguntas que hicimos en sentido inverso, es decir, a ver si yo las conocía a ellas, o si entre ellas, se conocen. Y a esto último, tengo que decir, que la petite conoce a su hermana, casi, casi, más que yo.

Tus hijos olvidarán tus palabras y tus acciones, pero nunca como los hiciste sentir. - piopialo       

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