Idiote

Aquella tarde salió de casa, tratando de olvidar. Acto inútil, puesto que no podía quitárselo de la cabeza. Había estado encerrada, durante horas, mirando por la ventana y jugando con un trozo de papel, y una margarita. Hasta que no pudo más.

Caminó por calles llenas de gente, pero ella sólo se veía a si misma, perdida entre la multitud, sola y vacía. Idiote. No escuchaba los ruidos de la humanidad, trozos de conversación, claxones nerviosos, tacones con prisa…

Crédito: Matias Castello / EyeEm

Crédito: Matias Castello / EyeEm

Ella y nadie más.

El mundo se difuminaba a cada paso que daba. Los colores se volvían oscuras tonalidades de gris, sus pensamientos en vez de volar libres, comenzaban a cargarle la espalda. Su paso era cada vez más lento, cada vez más pesado.

Llegó al gran cruce que separaba el centro de la ciudad, se quedó mirando durante largo rato el monigote del semáforo. Rojo. Verde.

Y otra vez rojo.

Decidió que si la próxima persona que cruzara, le sonreía, ella cambiaría su manera de ver las cosas. Y comenzó a cruzar. En rojo.

Notó que alguien la sujetaba del brazo, mientras tiraba de ella hacia atrás. Se volvió lentamente. Y él le sonrió.

Se limpió una tímida lágrima, y tras darle las gracias, dio media vuelta, y volvió hacia su casa.

14 thoughts on “Idiote

    • Sí, y no veas como lo veo últimamente. Pararte en un paso de peatones y sonreír a quien pase, o simplemente saludar a alguien, porque si…

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