La historia de la letra H

Hace mucho tiempo, las letras vivían juntas en una ciudad. Un buen día, la letra H se fue de excursión al bosque.
Iba paseando, buscando champiñones, y jugando con las luces que se reflejaban de árbol en árbol. Y entonces, las primeras gotas de lluvia le cayeron encima.
Lo malo es que fue una gran tormenta, y aunque la letra H trató de encontrar un sitio seco, no lo encontró, y se mojó toda.

A las pocas horas, la letra H estaba ya muy malita, le dolía la garganta y los oídos, y como ya había dejado de llover, se fue al hospital.

¿Y quién le atendió?

Sí, la letra E, que era la enfermera de coletas más bonita de todo el hospital. La letra E trató de curar a la letra H, pero se había mojado tanto, que perdió la voz. Y nuestra pobre la letra H ya no pudo ni hablar ni oír. Era una letra sordomuda.

Tan triste se puso, que el rey -la letra U- fue a verla y le dijo que él lo arreglaba todo, que la pondría delante de muchas palabras para darle importancia, y aunque no se escuchara ni se dijera, la letra H estaría primera.
También le dijo que le pondría, algunas veces, en medio de las palabras, para que las demás letras no se pusieran celosas.

Y así, las palabras como “hospital”, “huevo” y “harina”, tienen la letra H delante, y palabras como “cohete” la tienen en medio. No se pronuncian, cuando hablamos, no las escuchamos, cuando las decimos, pero están ahí.

No hace falta decir que la letra H se puso muy contenta.

Y otro día… La historia de la CH. Porque la letra H también necesita compañía.

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