La visita veraniega de Circius

El fin del verano es una buena temporada para bajar a la Ciudad del Viento, anunció Circius la noche anterior. Hace tiempo que no voy, y estoy seguro que Céfiro me lo agradecerá de cara al otoño.

Además, tengo unas cuantas plantas a las que echarles el ojo. Estaban teniendo un problema de plagas, y el jardinero de la ciudad no está haciendo bien su trabajo. Creo que no sabe con qué combatirlas.

La visita veraniega de Circius

Fagot, uno de los pequeños vientos, hijo de Circius le hizo una pregunta.

-¿Cómo vas a ayudarlo?

-Las plantas de las que hablo están en el parque municipal. Están siendo tratadas, pero mal adecuadas. Necesitan otro tipo de atención que los líquidos apestosos que les han puesto.

-¿Como tus palabras?

-Claro, Fagot, hablar con las plantas, árboles, arbustos no es un trabajo, es volver a encontrarte con amigos, -en este caso, a los que hace meses que no veo- y preguntales cómo están, qué han hecho y qué van a hacer. Es más que cubrir el pie de los arbustos, rosales y demás plantas recién plantadas con una capa de hojas, mantillo, compost, estiércol u otro material orgánico. Es evitar que el suelo se seque, que les aporte alimento y proteger las raíces de las heladas. Es recoger las hojas y hacerlas volar, es resembrar y cuidar que los rosales, que pueden verse afectados en otoño por el Oidio, Mildiu y la Mancha negra, enfermedades propias de la humedad y la temperatura suave, no se vean mal. No sabes bien lo presumidas que son las rosas, hijo.

Celine llamó a los pequeños vientos para ir a la cama. Fagot se levantó de la mesa en donde había estado hablando con Circius y tras darle un beso, salió para ir al cuarto.

No os olvidéis lavaros los dientes, renegó Celine, la ama de llaves y niñera de los pequeños vientos.

Todos los días, la misma cantinela, masculló entre dientes una de las más pequeñas, Ocarina, como si no supiéramos que es dientes, pipí y a la cama.

Lo bueno de esa rutina que había establecido Celine con los primeros vientos era que pocas veces tenía que repetir lo que había que hacer antes de acostarse. Y aunque muchas veces, repetía la frase anterior, lo hacía más por inercia, que por responsabilidad. Se sonreía para sus adentros, cuando escuchaba a la bella Ocarina decir “dientes, pipí y a la cama”. Aunque precisamente ésta, era de las que más hacía por engañarla.

Mojar el cepillo de dientes con agua. Estar en el cuarto de baño un par de minutos con la puerta cerrada. Tirar de la cadena aunque no hubiera hecho pipí… Se las sabía todas. Y alguna vez, había escapado a la mirada de Celine… Produciéndose un pequeño escape nocturno.

La visita veraniega de Circius: una historia de La Ciudad del Viento

En el salón, Circius estaba preparando su maleta para esos días de viaje. Algunas semillas, un poco de abono, su cuaderno de apuntes… Llamó a Céfiro para preguntarle qué tipo de polen iba a necesitar para los meses fríos, y el tipo de remedio que debía ponerle a las plagas observadas. Tomo buena nota en su cuaderno. Metió un par de botes más en la maleta, y tras cerrarla, fue a la habitación de sus hijos a ver como dormían.

Fagot, el más mayor, se había dormido con la luz encendida. El libro que tenía recogido con una mano era testigo de su cansancio. Circius lo cogió, miró el título, puso un marcapáginas  y lo puso al lado de la lamparita de noche. Tras darle un beso en la frente, apagó la luz.

Se dirigió al cuarto de Ocarina, que compartía espacio con su hermana Tuba. En una cama nido de distinto nivel dormían ambas. Cogidas de la mano. Casi todas las noches, se daban la mano y se dormían así. Aunque luego, por las mañanas, aparecían en posturas inverosímiles. Le gustaba verlas así. Las tardes, cuando él estaba en casa, y las pequeñas se quedaban con él, no paraban de discutir. Se asustaba, pensaba que entre hermanos no podía ser así, pero luego ambas se defendían, jugaban entre sí y se adoraban. Una era la sombra de la otra. Cosas de hermanas, le habían dicho.

Tras el beso en la frente de rigor, se fue a descansar. Al día siguiente, sabía que su viaje a la Ciudad del Viento iba a ser un poco movido. No en vano, era uno de los vientos heladores más temidos. ¿Cómo se tomaría la gente el sentir su soplo helado a finales del verano?

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