150 palabras: Las fases de la luna (espacio, agua, caso)

Hace mucho tiempo,

la Luna no era el satélite que hoy conocemos. Era un pequeño planeta al que le gustaba pasear por el espacio. Un día se encontró con la Tierra, y se enamoró. Le gustó el color azul, el agua que cubría casi todo el planeta, los árboles, los distintos colores…

Pero la Tierra estaba enamorada del Sol.

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#150palabras: reflejo (personas, instante, mismo)

A lo largo de la vida de uno, van apareciendo personas, que parecen ser el reflejo, condicionado o no, de uno mismo.
Son personas que parecen haber esperado el momento idóneo para revelarse, para abrirte los ojos, y hacerte ver el mundo con una nueva perspectiva. Continue reading

150 palabras: Weimaraner (sitio, cubos, señor)

weimaranerBien, me voy en coche. Espera que suba, eh! Ese es mi sitio. Ah, vale, perdona, que pensaba que me lo ibas a quitar. Ahora ¿a quién esperamos? Oh, esa chica es bastante especial. Me cae bien. Siempre me da una chuchería y además huele bien. Qué gustito cuando te acarician.
La otra no me gustaba nada. Parecía que tuviera miedo. Pero eso es imposible. Yo no doy miedo. A todos les gusto. Cuando paseamos por la calle, todos me miran, y se sorprenden de lo alto y guapo que soy. Y hasta me preguntan si me porto bien. Vamos, ¿qué se habrán creído? Ni que fuera un gato callejero, de esos que se escabullen entre los cubos de basura y dan la lata por la noche. Que mira que son cansinos… Yo soy un señor. Pero no voy a negar que me gusta correr detrás de una pelota. ¡Llegamos!

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150 palabras: Veleta (vista, canto, promesa)

veletaUn día, su veleta enloqueció. El aire la giró y la flecha señaló el sur. El norte de años atrás, se rompió. El sur majaba sabores y aires cálidos.

Y ella cambió de rumbo, de aire y de lugar, de puntos de vista, de trabajo y de hogar, de manera de ser, de sentir y de pensar.
Cambió sus recuerdos, y sus ideas, la forma de sus besos, y los susurros, las caricias y la sonrisa.
Cambió sus prioridades, sus amistades y sus deseos, de familia y de compañía. Cambió de champú, de acento y de parecer, de estados de ánimo, de destino y de cama.
Cambió el estruendo del despertador por el canto del gallo, su hora de más, por su hora de menos, su paseo matinal por el vespertino, las calles por la playa.

Un día, su veleta enloqueció. Y ella cumplió su promesa. Por muchos años más.

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