La visita veraniega de Circius

El fin del verano es una buena temporada para bajar a la Ciudad del Viento, anunció Circius la noche anterior. Hace tiempo que no voy, y estoy seguro que Céfiro me lo agradecerá de cara al otoño.

Además, tengo unas cuantas plantas a las que echarles el ojo. Estaban teniendo un problema de plagas, y el jardinero de la ciudad no está haciendo bien su trabajo. Creo que no sabe con qué combatirlas.

La visita veraniega de Circius

Fagot, uno de los pequeños vientos, hijo de Circius le hizo una pregunta.

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El soplo helado de Circius

circiusEl misterioso hombrecillo cerró la puerta del portal tras de sí. Me dio el tiempo justo de verle entrar, con una miniatura canina de color blanco y pelo rizado acurrucada en sus brazos. Ambos me miraron a través del cristal, y creí reconocerlo, en el mismo instante en que nuestras miradas se cruzaron. Pero cuando me quise dar cuenta, mis pasos me habían llevado ya unos metros más adelante, y sólo me quedé pensando en que otra parte lo había visto anteriormente.

El hombrecillo llevaba un abrigo de tela verde oscura, y un sombrero inglés, del mismo corte. Un estilo harto complicado de encontrar en la Ciudad del Viento. Me pareció distinguir una barba de dos, o acaso tres días, blanca, que dejaba asomar, una tez blancuzca y una nariz achatada, colorada por el frío nocturno y los vientos.

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