La familia de Circius*

Circius era el dios del viento del noroeste (a veces del norte), que soplaba de las costas del Mediterráneo hacia el mar. Se trata de un viento frío, seco y violento, que alcanza corrientemente los 100 km/h y llega a pasar de los 200 km/h. Su mejor amigo, Céfiro, el dios del viento del oeste era el más suave de todos y se le conocía como el viento fructificador, mensajero de la primavera. Por ello, ambos se unían en primavera y otoño para crear y ayudar a las plantas y árboles en esos meses tan duros de renovación.

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Tiempo de viento

Tenía treinta minutos por delante, antes de sentirse con las fuerzas necesarias para volver a subir a la casa. Tiempo suficiente. En la calle, el viento despeinaba las desafiantes señoras, que se empeñaban en caminar rectas, charlando sobre el café con leche y croissant, que justo acababan de tomarse, recordando los octubres de viento de años atrás.

Los jóvenes apresuraban sus pasos, para ir al encuentro de amigos y parejas, tras un día de cafés y risas, en las cafeterías de las distintas facultades; buscan citas y conciertos para las próximas fiestas. Los ejecutivos, con sus maletines de piel, comienzan a salir de las empresas, subiéndose a coches caros, y abrillantados. A uno se le vuela un sombrero, que se para unos metros más allá, al enredarse con las ruedas de un carrito de bebé.

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Lápices, inspiración y tiempo

Le llamaban Don Manuel. Era uno de los vecinos más conocidos de aquel distrito. Ahora, con casi 80 años, era un hombre reconocido no sólo en su ciudad natal, sino también en todo el país. Don Manuel era un escritor de éxito, aunque sus principios no fueron demasiados sonados.

Sus comienzos como escritor fueron más bien tristes. Escribía relatos cortos, de pocas páginas, ideas buenas, pero mal encadenadas, los editores le decían que ya le llamarían. Estuvo a punto de dar marcha atrás en su idea de ser escritor.

Pero entonces, llegó a esa papelería. Entró por curiosidad, los globos de colores del escaparate, y los numerosos cuadernos de hojas blancas parecían llamar a las personas que por allí paseaban.

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La visita veraniega de Circius

El fin del verano es una buena temporada para bajar a la Ciudad del Viento, anunció Circius la noche anterior. Hace tiempo que no voy, y estoy seguro que Céfiro me lo agradecerá de cara al otoño.

Además, tengo unas cuantas plantas a las que echarles el ojo. Estaban teniendo un problema de plagas, y el jardinero de la ciudad no está haciendo bien su trabajo. Creo que no sabe con qué combatirlas.

La visita veraniega de Circius

Fagot, uno de los pequeños vientos, hijo de Circius le hizo una pregunta.

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