La colorida tibieza del amor

La primera vez que coincidieron, él no se fijó en ella. Llevaba meses caminando distraído, sumido en sus propios pensamientos, que lo sumergían en un océano de colores dispar. Y es que Iván era pintor. Pero no uno cualquiera, era un artista. O al menos eso pretendía.

Sus primeros cuadros habían sido nombrados en revistas del sector artístico, habían sido expuestos en las mejores galerías durante varios meses, recibía llamadas y cartas a todas horas felicitándole por la tibieza con que expresaba sus sentimientos o pensamientos en sus cuadros.

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Tan sólo una persona confió en él, y en su arte: la dueña de la mejor galería de arte de la Ciudad del Viento.

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Ensueño de ángeles

De la noche a la mañana, su vida dio un giro relativo. Recordaba que el reloj digital de su mesilla, marcaba las once y media de la noche cuando decidió cerrar los ojos, recordaba su último monólogo, pegada a la almohada de plumas, preguntándose los porqués, mientras escuchaba en sus pausas, la respiración tranquila y continuada de ella.

Ensueño de ángeles

Ensueño de ángeles

Apenas sí tuvo tiempo para abrir los ojos, llorar y buscar consuelo. Allí donde esperaba que alguien la ayudara, no había más que la nada, infinita y vacía. O tal vez sí había algo… O alguien.

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El vagabundo de almas

El hombre ya no esperaba nada. Se había cansado de la vida. O al menos, eso es lo que creía. Su imperturbable sensibilidad lo había alejado de todo lo que amó. Ve como los niños en las calles esconden su miseria bajo los abrigos raídos. Envuelven su tristeza en las luces de colores de los escaparates y escapan hacia la oscuridad.

El vagabundo de almas

La gente, movida como marionetas sin voluntad, camina en silencio, no dice nada. Los árboles se tensan bajo el calor sofocante de las bombillas que, únicas, parecen mantener la rectitud de falsos días. Las hojas de otoño caen dando paso al invierno blanco. El sol retira la mirada y el viento busca el contacto.

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Mis fantasmas

Esta noche, mis fantasmas acudieron en tropel a mi habitación. Vinieron sin ningún respeto, dando golpes contra las puertas, y abriendo las ventanas, para que el viento que soplaba anoche, violento y embustero, se colara por todas las aberturas de mis sentidos.

fantasmasMis fantasmas acudieron asustados, le tienen miedo a las tormentas, y al poderoso perro que guarda la puerta de la habitación. Me pidieron entre gritos y lamentos poder entrar, sin ser olfateados por el animal. Continue reading