El aprendiz

En la Ciudad del Viento existen muchos personajes. Todos tienen algo en común. Sobre todo los personajes reales, los de carne y hueso, los visibles. Pero también los personajes irreales, los que provienen del viento, los que no son visibles, a no ser que los escuches…

Uno de los personajes que se encuentran en la Ciudad del Viento es el Aprendiz. Es una persona real. Podrías ser tú. O tú. Y sí, al contrario que en otras lecturas, este personaje si corresponde con una persona del mundo real. Tal vez te reconozcas. O te gustaría ser como él. En cualquier caso, ponte cómodo, que te lo voy a presentar.

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Tiempo de viento

Tenía treinta minutos por delante, antes de sentirse con las fuerzas necesarias para volver a subir a la casa. Tiempo suficiente. En la calle, el viento despeinaba las desafiantes señoras, que se empeñaban en caminar rectas, charlando sobre el café con leche y croissant, que justo acababan de tomarse, recordando los octubres de viento de años atrás.

Los jóvenes apresuraban sus pasos, para ir al encuentro de amigos y parejas, tras un día de cafés y risas, en las cafeterías de las distintas facultades; buscan citas y conciertos para las próximas fiestas. Los ejecutivos, con sus maletines de piel, comienzan a salir de las empresas, subiéndose a coches caros, y abrillantados. A uno se le vuela un sombrero, que se para unos metros más allá, al enredarse con las ruedas de un carrito de bebé.

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Ensueño de ángeles

De la noche a la mañana, su vida dio un giro relativo. Recordaba que el reloj digital de su mesilla, marcaba las once y media de la noche cuando decidió cerrar los ojos, recordaba su último monólogo, pegada a la almohada de plumas, preguntándose los porqués, mientras escuchaba en sus pausas, la respiración tranquila y continuada de ella.

Ensueño de ángeles

Ensueño de ángeles

Apenas sí tuvo tiempo para abrir los ojos, llorar y buscar consuelo. Allí donde esperaba que alguien la ayudara, no había más que la nada, infinita y vacía. O tal vez sí había algo… O alguien.

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El vagabundo de almas

El hombre ya no esperaba nada. Se había cansado de la vida. O al menos, eso es lo que creía. Su imperturbable sensibilidad lo había alejado de todo lo que amó. Ve como los niños en las calles esconden su miseria bajo los abrigos raídos. Envuelven su tristeza en las luces de colores de los escaparates y escapan hacia la oscuridad.

El vagabundo de almas

La gente, movida como marionetas sin voluntad, camina en silencio, no dice nada. Los árboles se tensan bajo el calor sofocante de las bombillas que, únicas, parecen mantener la rectitud de falsos días. Las hojas de otoño caen dando paso al invierno blanco. El sol retira la mirada y el viento busca el contacto.

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