Flor vieja

“Es vieja, y está amarilla por el paso del tiempo, como el papel de los pergaminos. Su olor es obtuso, tiene el aroma del té verde y la calidez del desierto…”

flor vieja

Todavía notaba el aliento de sus palabras, mientras ella clavaba su mirada optimista en él. Un escalofrío recorrió su espalda, mientras se levantaba del sillón de la biblioteca, y buscaba a través de la ventana algo que hiciera saltar la chispa de su imaginación.

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El árbol milenario de las lágrimas

Le contaba el señor Antonio a su hija Andrea, a la que llevaba en brazos, que allá arriba, donde habitan las estrellas, existía un árbol milenario cuyo tronco y ramas eran de oro puro, y que las hojas eran frondosas y estaban llenas de vida. El viento de las alturas se entremezcla con el calor de las nubes, y acaricia todo el lugar con una brisa que hace brillar las hojas, y el susurro que se desprende de ellas, producen una canción que se escucha en todo el Olimpo.

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Ella*

Ella no tiene nombre. O sí, el que tú le quieras dar. O Ella. Pronunciando bien las dos eles.

Ella es un tipo de persona que logra lo que se propone. Con ella los demás ven lo que hay. Se trata de una persona de acción que no se pregunta lo que piensan los demás, solo actúa y punto.

Ve el mundo en dos colores, o todo es blanco, o todo es negro. Aunque en los últimos años, ha variado mucho esa percepción, y trata de desenfocar su mirada para poder ver otras tonalidades, y sobre todo, ayudar a otras personas.

Es directa y le gusta ir del punto A al punto B, sin rodeos. Además de muy trabajadora, segura de si misma, se puede confiar en Ella. Entre sus cualidades, le gusta decir que es asertiva y que tiene buenas dotes de líder.

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Mirada de pájaro*

Sus tacones resonaban por el largo pasillo. Pasos rápidos, que al llegar a la puerta del aula de música, acababan, y eran remplazados por los golpeteos enérgicos de los nudillos de su delicada mano.
Al entrar, todas las miradas se giraban hacia ella.

La clase se componía de 15 chicos y ella. El profesor, un ilustre músico de la Filarmónica de Mainz (Alemania), serio y responsable, que encaminaba todos sus esfuerzos porque todo estuviera en orden al llegar al aula. Le agradaba además, la puntualidad. No le gustaba que interrumpieran su clase, que comenzaba siempre a las cinco en punto.

El profesor Günter venía siempre veinte minutos antes. Aprovechaba para abrir bien todas las persianas, y dejar que la luz recorriera cada rincón del aula, pasaba un trapo suave a todos los instrumentos, que iban a utilizarse en la clase, y se sentaba sobre su mesa, con un pesado libro de música de todos los tiempos, sobre sus piernas.
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