Érase una vez… Cuentos con piedras

En el último cumpleaños de l’aînée, una de las madres le regaló una bolsita de piedras, para jugar al tres en raya. Y posteriormente, una bolsa de “érase una vez” con piedras pintadas para inventar historias.

Este último juego viene estupendo para desarrollar la creatividad y el lenguaje oral, así como la imaginación, ya que con una bolsa de piedras saldrán mil y una historias.

bolsa de piedras érase una vez

Bolsa de piedras “Érase una vez…”

En otro post hablaré de como podéis crear vuestra propia bolsa de piedras dibujadas, para hacer juegos tradicionales, como el tres en raya, o para pintar personajes y situaciones para crear historias, ahora me centraré en los beneficios de inventar historias y las diversas maneras en las que podemos utilizar las piedras.
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Recurso creativo: cuento con imaginación

Muchas veces hacemos ejercicios de imaginación que terminan olvidados en un cajón. Contamos historias a nuestros hijos, sobrinos, alumnos… Nos montamos un cuento de la lechera, o simplemente leemos y soñamos.

Una de las cosas que me gusta hacer con las Genovevas es contar historias. Y ahora que son un poco más grandes, montar un cuento entre las tres. Nos ayuda a despertar la imaginación, a mostrar curiosidad y a conocer hábitos y costumbres. Continue reading

150 palabras: Cleto (beso, armario, minutos)

dinosaurioMaría escuchaba con atención la historia de su abuelo. La imaginación de ambos crecía a medida que el abuelo encontraba las palabras necesarias para sorprender a su nieta.

Al arroparla, y darle un beso, pidió que dejara a Cleto escondido en el armario. Así lo hizo el abuelo.

Debían faltar pocos minutos para la medianoche, cuando María despertó con un sobresalto. Unos pasos sigilosos caminaban por el techo. Ploc plic, ploc plic, la cadencia era rápida. ¿Un caballo galopando en el tejado?

No, era un animal verde y patoso, que estaba jugando. Subía y bajaba por los canalones, saltaba y brincaba por encima de las chimeneas, le sacaba la lengua a los gatos, que escapaban a lugares más tranquilos.

María se acercó a la ventana, y supo que era Cleto. En sus sueños, ella se volvía a acostar, mientras su dinosaurio de manchitas verdes y marrones jugaba en los tejados.

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