La familia de Circius*

Circius era el dios del viento del noroeste (a veces del norte), que soplaba de las costas del Mediterráneo hacia el mar. Se trata de un viento frío, seco y violento, que alcanza corrientemente los 100 km/h y llega a pasar de los 200 km/h. Su mejor amigo, Céfiro, el dios del viento del oeste era el más suave de todos y se le conocía como el viento fructificador, mensajero de la primavera. Por ello, ambos se unían en primavera y otoño para crear y ayudar a las plantas y árboles en esos meses tan duros de renovación.

La familia de Circius

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Ella*

Ella no tiene nombre. O sí, el que tú le quieras dar. O Ella. Pronunciando bien las dos eles.

Ella es un tipo de persona que logra lo que se propone. Con ella los demás ven lo que hay. Se trata de una persona de acción que no se pregunta lo que piensan los demás, solo actúa y punto.

Ve el mundo en dos colores, o todo es blanco, o todo es negro. Aunque en los últimos años, ha variado mucho esa percepción, y trata de desenfocar su mirada para poder ver otras tonalidades, y sobre todo, ayudar a otras personas.

Es directa y le gusta ir del punto A al punto B, sin rodeos. Además de muy trabajadora, segura de si misma, se puede confiar en Ella. Entre sus cualidades, le gusta decir que es asertiva y que tiene buenas dotes de líder.

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Idiote

Aquella tarde salió de casa, tratando de olvidar. Acto inútil, puesto que no podía quitárselo de la cabeza. Había estado encerrada, durante horas, mirando por la ventana y jugando con un trozo de papel, y una margarita. Hasta que no pudo más.

Caminó por calles llenas de gente, pero ella sólo se veía a si misma, perdida entre la multitud, sola y vacía. Idiote. No escuchaba los ruidos de la humanidad, trozos de conversación, claxones nerviosos, tacones con prisa…

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Abre el paragüas

En la Ciudad del Viento, hay una calle central, con varios carriles. Tiene aceras grandes y espaciosas a ambos lados, una callejuela central llena de banquitos de madera, pintados de marrón claro, y árboles y arbustos, que no dejan ver nada hacia los extremos. Ella siempre está allí. Se rodea de palomas que vienen a picotear las migas de pan que una señora mayor les deja por las mañanas. Y de niños por la tarde, que juegan en los columpios, mientras sus madres hablan y discuten entre ellas. Es la primera persona que aparece cuando las brumas matinales se aclaran , y la última en desaparecer cuando la luna está ya muy alta en el cielo. Continue reading