Las gotas de luz son pequeños seres que manejan el tiempo a su libre albedrío, y que una vez desprendidas de su hogar, viajan por el espacio, hasta encontrar un lugar en el cuál se sienten únicas.
Cuando esta gota de luz comenzó su particular viaje, a millones de años luz de nuestro planeta, sólo tenía en mente conocer otros lugares, si bien no tenía, ningún lugar concreto que visitar.
Atraída por nuestra atmósfera, se dejó caer hacia una piedra gris. Pero antes de llegar, en su precipitado suicidio, una flor la atrapó. Una joven acarició uno de los sedosos pétalos, que se estiraron para sentir la caricia. La gota de luz, impresionada por aquel gesto, saltó hacia los ojos de aquella chica.
Ahora forma parte de la joven. La ilumina como la esencia de una belleza interior, se asoma a sus ojos y los ilumina con un cariño especial.




