Una de las cosas que me sorprenden de las Genovevas es la velocidad de pensamiento que tienen, y la facilidad de réplica. Baste un ejemplo con l’aînée, la otra noche le dije que ya estaba bien de hablar en la habitación, que era tarde, y que tenían que madrugar al día siguiente para ir al campamento. Las Genovevas dijeron vale.
Pero a los pocos minutos volvieron a hablar y reír. Y cada vez más alto -¿qué tendrán estas dos niñas, que no saben hablar bajito?-. Les volví a decir que al día siguiente tenían campamento. Y otra vez “vale”.

Campamento sí, pero quiero vacaciones
Y hubo una tercera vez, pero ya me puse seria, y le dije a l’aînée que ya era hora, llamándola por su nombre y apellidos. ¿No os suena de cuando eramos pequeños?
Cuando nuestros padres se enfadaban con nosotros, y se les agotaba la paciencia, usaban todos los apellidos.