Solidaridad de juguetes

Cuando escribimos las tarjetas del calendario de adviento, mezclamos varias ideas: los buenos deseos que habían hecho en día de Thanksgiving en el colegio, las “ayudas” en casa, y las “recompensas”. Así nos salió un calendario DIY distinto y original.

Una de las tarjetas indicaba que íbamos a mirar qué juguetes donaríamos a los servicios sociales de nuestra ciudad, iniciativa del AMPA.

Tarjeta con la leyenda del día. Regalos solidarios

Tarjeta con la leyenda del día. Regalos solidarios

Y así, miramos todo lo que teníamos. Una granja con todos los animales y el tractor, un tren y una rana aprende números, una muñeca y un libro. Un puzzle de cubos, otro de piezas, un camión con Caillou y su gato Gilbert.

Juguetes en buen estado, para niños con edades comprendidas entre 1 y 4 años.

El post no es simplemente un “nosotras hicimos”, sino un “nosotras aprendimos”.

Porque l’aînée ha aprendido que hay niños que no pueden tener juguetes cuando quieren. L’aînée ha aprendido que donar sus juguetes en buen estado es una buena acción. Que así aprende a cuidar sus cosas, y a pensar en los demás. Y a la mañana siguiente, aunque sabía que ya no se trataba de sus juguetes, me comentó que ella daba sus juguetes y los de su hermana a otros niños que no tenían.

Aprendimos una lección, y fuimos solidarias.

La navidad ha llegado

Nos resistíamos, no hacía frío, no teníamos tiempo. Pero comenzaron las alertas de lluvia, y se juntó el puente de la Inmaculada. ¿Conclusión? Adornar la casa para recibir la navidad.

Mientras la petite y yo barríamos y recogíamos el salón, l’aînée fue con su padre al trastero a buscar el árbol y las demás cosas navideñas. Previamente habíamos estado en una tienda para comprar unas cuantas bolas, que tenía en mente que íbamos a necesitar. Además, este año estaba convencida que el color que iba a prevalecer sería el azul. ¡Pero no había bolas azules! Compramos un par de juegos de bolas moradas y plateadas, un par de guirnaldas plateadas y voilà!

Tras “desperezar” las ramas del árbol, ponerle las distintas alturas y sacar el nacimiento, las Genovevas se pusieron a poner bolas y adornos.

A media altura, las bolas violetas. A la altura de ellas, bolas blancas y adornos varios. E incluso muchos en la misma rama. Y arriba del todo, bolitas rojas.

Puse las guirnaldas como buenamente pude, porque… habría que diseñar un curso para poner las dichosas guirnaldas, que nunca sé como van.

Detalle del árbol

Detalle del árbol

Y cuando pensé que ya habíamos acabado…

Mamá, pon las luces también.

Estira los metros de luces. Espera que las probamos. Vete hasta el final del pasillo. Pongo este programa para ver todas las luces. ¿Las ves todas brillas? Sí. Pues venga, sujeta el extremo mientras voy dando vueltas al árbol.

Árbol de Navidad de las Genovevas

Árbol de Navidad de las Genovevas

Este año, el árbol ha quedado una maravilla. Hemos puesto nuestro primer Christmas de este año, cortesía de la mamá de La niña sin nombre. Además, al haberlo cambiado de sitio, luce más. Y no, no es por las luces.

El libro viajero (doble)

La primera vez que leí sobre el TuTo, fue en el blog de Había un pez, y hablaba de la pesadilla de muchas madres (y algún padre), con la llegada a casa de la mascota del colegio, o de la guardería, para pasar un fin de semana en casa de los niños.

Una semana después de leer el blog mencionado antes, me llegó a casa Moli… Y Max.

La historia de como llegaron ambos peluches a casa, el mismo día, para pasar los mismos días, y hacer no uno, sino ¡dos! libros viajeros de clases tiene su anécdota…

A las tres, coincidimos el padre y yo en el colegio (se ve que el intercambio de whatsapp no funcionó, más bien, mi monólogo no llegó a la cabeza somnolienta de un padre que había salido a las 8 de su turno de noche), y l’aînée me enseña toda orgullosa su mascota Moli.

Mamá, hazme una foto. Y ahora así. Y aquí también.

La madre de una de sus amigas me informó que le había tocado llevarse a Moli porque le habían chivado que mi hija había leído muy bien. ¡Qué alegría, qué orgullo, Moli ya está con nosotros! Con un cuaderno del tamaño de mi hija mayor. ¡¡¡Mide por lo menos un metro de alto!!!

Tuve que preguntar qué tipo de bicho era Moli, y resulta que es una marioneta con forma de niño.

Medio en broma, medio en serio, comenté con los padres, que ahora sólo faltaba que viniera la petite con su mascota ese mismo día.

El padre salió a buscarla, mientras l’aînée y yo fuímos a la frutería a comprar mandarinas.

Cuando entramos al garaje, aparcamos, y salimos del coche, la puerta se volvía a abrir. Era el padre bajando con la petite. Una sonrisa enorme iluminaba su cara. Mis peores temores estaban cogiendo forma.

Ven, Danièle, mira quién viene acompañando a tu hermana.

No hace falta deciros que salió del coche con su bolsa en la que había un cuaderno tamaño DIN-A4 y un erizo, llamado Max, y una gran cara de contento.

El fin de semana fue espectacular. Max y Moli nos acompañaron a todas partes, al taller, al baloncesto, a la calle… hicimos fotos de ellos con las niñas, con los tíos, con la prima… Durmieron en las camas respectivas de sus “dueñas por un fin de semana”, jugaron con los ponys, con Mickey…

E hicimos dos libros viajeros.

Fotos, dibujos, pegatinas, y palabras.

Enseñando a Moloi

Enseñando a Moli

Colocando los ponis para una foto con Moli

Los ponis para foto con Moli

Ganseando

Ganseando

Ganseando

Ganseando

Libro viajero de Danièle

Libro viajero de Danièle

Libro viajero de Yvette

Libro viajero de Yvette

Orgullosa de l’aînée

Estos días he estado ocupada con cosas del AMPA, preparando varios proyectos, diseñando, escribiendo, comprando, doblando hojas, y hasta metiendo caramelos en bolsitas.

Una tarde, en la que l’aînée me vio recogiendo las bolsitas de plástico y los caramelos, me preguntó que si me ayudaba. Que ella era muy buena, y quería compartir su tiempo conmigo. Aunque tenía previsto que fuera mi junta la que se encargara, no pude negarselo. Y así nos vimos trabajando juntas. Ella pegaba la etiqueta de feliz navidad en las bolsitas, y me las iba pasando para que las rellenara de caramelos. Cuando no veía algún color de caramelo, ella me ayudaba a encontrarlos en la caja de zapatos donde los íbamos metiendo. Como sólo eran bolsas para los tres cursos de infantil, acabamos muy pronto.

Ayudando a mamá

De este episodio me quedo con varias cosas, mi hija está dispuesta a colaborar siempre que alguien lo necesite -me contaba que en el colegio ayudaba a los niños con la comida, o a llevarlos de un sitio a otro… Y en casa, ayuda a su hermana-; que no espera una recompensa -sobraron caramelos, claro, y de esos, dijo de compartirlos con sus mejores amigos-; que le gusta hacer cosas conmigo -no me cabía la mejor duda, pero es bonito vivirlo-. Además entrenamos las cuentas, contó las etiquetas de la hoja que le faltaban por pegar, y me ayudó a hacer paquetitos de cinco caramelos.

El día del festival, estoy segura que cuando vea que el rey mago le reparte una bolsita con caramelos, dirá que ella ayudó a prepararlas.

Caramelos  metidos en bolsitas etiquetadas. Trabajo realizado por Danièle

Caramelos metidos en bolsitas etiquetadas. Trabajo realizado por Danièle