En las pesadas noches de verano, cuando el tiempo comienza a cambiar, y sopla el rudo viento, cuando las nubes se acercan sigilosas desde las montañas del interior, y cubren todo el valle, cuando la única luz que hay es la que se difumina a través de las ventanas, cuando las olas de la playa se encrespan, y rompen bravas contra la barrera artificial de rocas, entonces, es en esas largas y pesadas noches de verano cuando ella aparece.
Viste siempre un corto traje negro, que suele cubrir con una capa del mismo color, que evita que se moje. Sus zapatos, de interminable tacón, y atados con cintas alrededor de sus finos tobillos, están siempre impecablemente limpios y brillantes. Alguna vez, ha llevado una especie de pañuelo, fino y sedoso alrededor de su cuello. Pero en las últimas visitas, nadie se lo había visto puesto.
Los más viejos del lugar contaban los minutos, esperando verla pasar, escudriñando las ventanas, y arrastrando sin fuerzas una desgastada maleta marrón. Era una mujer bellísima, de cabello corto y rubio, de piel pálida, que se rodeaba de un gran halo de misterio.
Ella se acerca siempre desde la playa, llevando con ambas manos la vieja maleta. Nadie sabe donde se mete antes de llegar, y nadie sabe donde se marcha después de dar la vuelta por el pueblo.
En una de las últimas visitas de la bella mujer, mi abuelo se había quedado dormido en la mecedora del porche, tapado con una manta, que dulcemente le había puesto mi abuela por encima. Yo, por aquel entonces, con cinco años, me había quedado con él, y por supuesto, también me había quedado dormida. Ni tan siquiera los primeros truenos que sonaron, nos habían conseguido despertar.
Lo que pasó a continuación no sé si fue debido a un sueño, o si realmente sucedió así.
La mujer de cabello corto se acercó a nuestra casa, subió al porche, y noté una mano fría en mi mejilla. Abrí los ojos, y la vi. Era incluso más bonita que lo que me habían contado en las historias. Su mirada era verde, penetrante, caliente. Tan curiosa como era, abrí la boca para preguntarle como se llamaba, estaba segura que tendría un nombre de ángeles. Pero se llevó la mano a la boca, y me hizo señal de que no preguntara nada. Con los ojos abiertos como platos, observé como se acercaba a la ventana de la entrada, y curioseaba el interior. Creo que no vio a mi abuela, porque enseguida se dio media vuelta, y tras guiñarme un ojo, se fue.
Cruzó la calle, y se acercó a la casa donde vivían los abuelos de mi mejor amigo. Dejó la maleta en la entrada, y tras llamar a la puerta, entró. No sé lo que pasó dentro, ni cuanto tiempo estuvo, tampoco sé, si ya la conocían, sólo sé, que a la mañana siguiente, todos estaban muy tristes.
Dicen que las personas pueden recordar algún momento del pasado, o bien a una persona, gracias al olor que predominaba en ese tiempo. Con cinco años, no lo sabía, pero cuando la bella señora se acercó a mí, el ambiente se llenó de un olor dulzón, a la vez que amargo. Había supuesto que era debido a la tormenta, los campos mojados, el olor de tierra mojada, mezclado, quizás, con su perfume; pero, unos años más tarde, cuando mi abuelo murió, pude notar el mismo olor en la habitación, donde me despedí de él.
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madre mía… te has salido con esta historia!!!!!!!!!!
Buenos días!!
Muchas gracias
En un día como hoy esta historia tiene un sabor muy especial.
Un cuento delicado y precioso… tienes un don para las palabras Marta.
Besotes!
Muchas gracias, es todo un orgullo recibir tus palabras.
Como siempre, es una historia genial!!!! Felicidades por escribir tan bien!!
Besos.
Muchas gracias, me alegráis el día con estos comentarios
No se por qué desde el principio sabía de lo que se trataba…quizá en algún momento me la han descrito así!!?? quizá realmente las gentes ven a esta mujer y es tal y como la has descrito!!??…sea como sea me ha encantado la historia y tu forma de contarla.
Besosssssssssss
Buenos días, super mamá feliz!
Muchas gracias por tus palabras. Puede que sea así, puede que no, pero es una bonita manera de soñarlo.
Besos especiales!
Ufff, mira que este tipo de cuentos no me gustan nada, porque soy miedosa en extremo, pero no he sido capaz de dejar de leerlo.
Tienes un don especial.
Besos.
Hay cosas que pueden dar miedo pero que existen, la visión de ellas es lo que nos permitirá avanzar.
Muchas gracias por tus palabras, Irene
besos especiales!
jo…qué historia más bonita y triste a la vez, como el olor que se queda cuando una persona se va, un besazo enorme! <3
Sí, rezuma algo de tristeza, pero siempre quedan los momentos y los recuerdos.
Besos especiales!
Artista es lo que eres. Una artista de las letras
Muchas gracias, Bea!
Me encanta leer tus relatos!
Muchas gracias!
Ayyyy qué abandonadita te tengo! Y cuando saco un rato para pasarme me encuentro esta obra de arte.
Enhorabuena Marta. Siempre me gusta como escribes, pero la calidad del texto de hoy es espectacular. Me ha encantado.
Ay, nena, yo tengo abandonada a mucha gente, que me paso cuando puedo, pero es que es materialmente imposible. Agradezco enormemente que hayas encontrado un hueco para pasarte por aquí.
Besos especiales!
¡Menuda forma de narrarlo!
¿Buena o mala?