Tardes de sol

Que junio sea el mes en el que empieza la primavera y el de los días cortos escolares por excelencia lo saben las personas alérgicas y las madres. A falta de una semana para que acabe el colegio, llevamos ya dos en el que el horario se ha reducido. Ahora, nuestra tarde empieza a partir de las 15.30, cuando estamos las tres solas ante el peligro que se llama “aburrimiento”.

Son dos horas más cada día que intentamos que sean divertidas, además de pasar un rato juntas, además intentamos variar las cosas que hacemos, y que ambas participen en todo.

Comenzamos con juegos simbólicos. Al llegar a casa, les pido un rato para comer, las Genovevas están tranquilas, y se disponen a jugar en el rincón de lectura a profesores. Es divertido escuchar como la petite llama a los amigos de la clase de l’aînée por su nombre. Aunque a los diez minutos suele cansarse de seguir las instrucciones de su hermana, y se va a leer la multitud de libros que previamente ha sacado de todas las estanterías. Es cuando l’aînée comienza a jugar con sus ponys.

Cuando yo me incorporo a sus juegos, ellas van decidiendo qué quieren hacer, o pintar, o hacer alguna manualidad, o incluso pulseras de gomitas. Bailar es también una de las actividades que más piden. Cualquier música.

Algunas tardes vamos a comprar, otras preparamos brochetas de frutas, o salimos a tomarnos un café con los tíos.

Y una cosa que no falla es sacar a la perra. Nos cogemos una hora para pasear, ir por un camino secreto en donde encontramos algún gato, de esos que no se dejan tocar, y buscamos una piedra roja para dar la vuelta, y subimos y bajamos una pequeña montaña de piedras… Después seguimos con nuestra rutina de siempre: ducha, cena, cuento o dibujos y a dormir.

Como he dicho al principio son tardes de sol, que a partir de dentro de una semana, serán un poco diferentes, porque… ¡l’aînée tendrá vacaciones!

De bicicletas y deseos

Al comienzo del curso escolar, el padre de las Genovevas se puso de acuerdo con otro padre para ir a montar en bicicleta. Eso supuso comprar una nueva. Porque la que tenía se caía a pedazos. Me dije que sería una buena idea, así tendría la opción de comprar una sillita para llevar a la petite, mientras l’aînée, en la suya, le seguía.

Muy felices me la prometía…

Al cabo de unos meses, en los que l’aînée cogía su bicicleta, pero sólo cuando era yo quien la llevaba al parque, llegó con una feliz idea. Ahora quería una bicicleta de carretera, como las que vio en esta web. Claro, así me prometía que iría seguro, con el compañero, y que esas bicicletas no pesaban nada. Pero nada de nada.

bicicleta

Unos meses más tarde, todavía no había comprado una baca decente. Tenía que sacar las sillas del coche, para poder meter la bicicleta. ¡Eso no era lo convenido! Se suponía que toda la familia iba a disfrutar de esos paseos, y no sólo de un helado, al acabar él su carrera.

Debo reconocer que me da envidia. En una ciudad en la que todo el mundo va en coche, ir en bicicleta es un lujo. Recuerdo cuando me regalaron una bicicleta, que utilizaba para ir a hacer deporte con mi perra. Era una bicicleta estupenda, grande, de chica, perfecta para mí. O la bicicleta que tenía aquí, y que sigue en el garaje de la casa de mis padres, a la espera de que alguna de las Genovevas crezca y pueda usarla por los alrededores.

Ahora es más fácil tener una bicicleta, y conseguir ese equilibrio tan necesario para que los niños puedan quitarse los ruedines. Pero no nos volvamos locos, yo quiero una bicicleta. Porque una vez explicado el porqué las ruedas de las bicicletas son redondas, podemos motivar a nuestros hijos a hacer deporte de una manera entretenida y divertida. Como escribía en el reto #150palabras anterior, la práctica es la mejor enseñanza. No queremos que nuestros niños cojan miedo a una actividad que si se hace de manera grupal es todavía más divertida, ¿no?

Los beneficios de la bicicleta son muchos, y se pueden encontrar por la red diversos artículos, escritos por deportistas, pediatras, psicólogos… Todos ellos coinciden en que el ciclismo ofrece múltiples beneficios educativos para los niños, tanto a nivel motor como cognitivo y afectivo-social. Además de que le hacemos un gran favor al medio ambiente.

Por cierto, la petite no tiene bicicleta. Pero tiene una moto.