150 palabras: el ronroneo (desafío, jamás, rueda)

kittensÉrase una vez una gentil princesa a la que se le planteó un desafío a priori imposible.

Tenía que hilar diez mil madejas de lino en tan solo treinta días para salvar de la muerte a su gran amor.

Desconsolada, la princesa lloraba su frustración de día y de noche. Pero sus tres gatos sintieron lástima por ella y se acercaron a ayudarla.

Con sus tres lenguas y veloces y hábiles garras, los gatos no sólo concluyeron el trabajo a tiempo, sino que el lino que tejieron fue el más fino y maravilloso que jamás se había visto en aquel reino.

La leyenda cuenta que los tres gatos fueron recompensados por su labor, se les honró con la habilidad de ronronear.

Y entonces, desde aquel momento y para siempre, ellos y todos sus descendientes son capaces de entonar el canto que hacía la rueda de hilar.

Así nació su ronroneo.


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150 palabras: Bela (arena, profundo, arrugas)

bela-tortugaBela había llegado a la playa donde la familia de Pedro estaba jugando. Sin importarle las miradas, comenzó a hacer un agujero lo suficientemente profundo en la arena para depositar sus huevos.
El niño hipnotizado preguntó a su padre si podían ayudar a la tortuga, pero le contestó que no, que ella sabía como hacer.

-“Pero está llorando. Le debe hacer daño”
-“No, hijo, no llora, porque está acostumbrada a vivir en el mar y sus ojitos se le secan cuando sale.”

Le acarició el duro caparazón, siguió con sus dedos las arrugas del mismo, mientras Bela, la tortuga, continuaba confeccionando su agujero. Al acabar, depositó allí sus huevos, y recubrió de nuevo, con sus aletas el agujero con la arena recién sacada.

Luego, trabajosamente se dirigió al mar y se volvió para mirarlos.

-“No te preocupes, nosotros cuidaremos a tus hijitos, y pronto estarán contigo”, le dijo el pequeño.


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150 palabras: El ratón de biblioteca (ratón, oportunidad, vista)

El ratón de biblioteca

Era un ratón chiquitín que nunca había salido de su agujero. Era un ratón sin preguntas, todo lo que le pasaba, lo aceptaba. Puesto que así tenía que ser.

Un día, un ruido escuchó, y la curiosidad, asomar la cabeza hizo. Sobre el suelo, un objeto con muchas hojas.

¿Qué cosa más curiosa, qué podrá ser?

Lo olió, lo tocó, y hasta unas palabras leyó.

Al volver a su casa, preguntas se hacía.

¿Qué me pasa que desde que ese objeto cayó delante de mi casa, no puedo parar de preguntar?

Decidió darse otra oportunidad y volvió al objeto. Y leyó, y aprendió, e imaginó. Cuanto más leía, más preguntas tenía. Tantas dudas tenía, que decidió levantar la vista, y vio, no sólo un libro –puesto que eso era lo que había caído delante del agujero- sino montañas de libros.

Y dispuesto a saciar sus conocimientos, leyó uno tras otro.
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150 palabras: Las enseñanzas del Dios de la Lluvia III (ejemplo, frente, futuro)

Todo comenzó aquí, siguió aquí y termina hoy.

tortugaPero llegó el león, apartó a la tortuga y comenzó a beber agua; los demás, animados por el ejemplo, se acercaron de nuevo.

Cuando el elefante regresó, no quedaba más agua y riñó a la tortuga por no haber sabido cumplir con su misión. La tortuga se disculpaba, explicaba que no era más que una sola frente a muchos. ¿Qué podía hacer ella ante todos esos animales sedientos?

El elefante con gran furia, alzó su pata delantera, dispuesto a aplastar a la tortuga, pero el caparazón la protegió.

De pronto, se escuchó la voz del dios de la lluvia:

-“No sigáis el ejemplo del elefante, no desafiéis a quien es más poderoso, ni destruyáis lo que podáis necesitar en un futuro, no encarguéis al más débil a vigilar vuestras pertenencias, ni castiguéis a un servidor inocente.
Y sobre todo, no seáis orgullosos, dejad que los necesitados compartan vuestra buena suerte.


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150 palabras: Las enseñanzas del Dios de la Lluvia II (nube, nadie, laguna)

200070268-001Esta historia comienza aquí.

Los días pasaban, cada uno traía más calor que el anterior.

El elefante mandó al gallo para que terciara por él ante el dios de la lluvia.

Lo encontró escondido detrás de una nube, y le suplicó que hiciera llover. Tanta elocuencia tuvo el gallo, que el dios de la lluvia se ablandó y prometió enviar un poco de lluvia.

Así lo hizo. Y la lluvia que cayó formó una pequeña laguna cerca de la casa del elefante.

Al día siguiente, cuando el elefante salió a comer le encargó a la tortuga que vigilase el agua empantanada…

-“Si alguien se acerca y quiere agua, le dices que es mi reserva personal, nadie puede beber de ella.

Y se marchó a buscar su comida. En cuanto se hubo ido, los demás animales, sedientos, se acercaron a la laguna, deseosos de agua, pero la tortuga, siguiendo las instrucciones, no les dejó beber.


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