Érase una vez una gentil princesa a la que se le planteó un desafío a priori imposible.
Tenía que hilar diez mil madejas de lino en tan solo treinta días para salvar de la muerte a su gran amor.
Desconsolada, la princesa lloraba su frustración de día y de noche. Pero sus tres gatos sintieron lástima por ella y se acercaron a ayudarla.
Con sus tres lenguas y veloces y hábiles garras, los gatos no sólo concluyeron el trabajo a tiempo, sino que el lino que tejieron fue el más fino y maravilloso que jamás se había visto en aquel reino.
La leyenda cuenta que los tres gatos fueron recompensados por su labor, se les honró con la habilidad de ronronear.
Y entonces, desde aquel momento y para siempre, ellos y todos sus descendientes son capaces de entonar el canto que hacía la rueda de hilar.
Así nació su ronroneo.



