Confesiones laborales

Queridas hijas,

Seguramente me notéis rara estos días. No soy de las que pueden ocultar fácilmente los pensamientos, aunque siempre he creído que sí. Últimamente tengo dudas relacionadas con mi trabajo.

Una mañana, de camino al colegio, me preguntaste tú, aînée, qué tal era mi trabajo. Dude apenas unos segundos, te contesté que aburrido. Sabéis, porque siempre os lo digo, que mamá es profesora. Me habéis acompañado a sitios a dar clase, y hasta habéis visto a gente en casa estudiando conmigo. Soy maestra.

Estudié derecho, según vuestro abuelo porque era lo que yo quería, pero me convenció para esa carrera. Estudié. Pensando que podría utilizar mis idiomas, y que podría defender las causas nobles. Pero se me atascó la asignatura de civil.

En el colegio, mis profesores veían mi potencial con los niños, y la ayuda que ofrecía. Una de ellas, a la que siempre querré por haberme dado el empujón para estudiar magisterio, aunque lo hiciera cuatro años más tarde, me dijo que tenía esa luz dentro de mí para ayudar a los niños con problemas, me aconsejaba magisterio de educación especial. Y creedme chicas, nunca he sido más feliz que cuando hice las prácticas en un colegio publico, con la opción de dar clases de francés, y de ¡apoyo!

Pasé de sacar notas mediocres en derecho a sacar sobresalientes y matrículas en magisterio. Era Es mi vida.

También me saqué el título de francés de la EOI en un sólo año, pero claro… Es lo que tiene ser francesa. Con todo lo que tenía aprendido, más mis ganas de cambiar el mundo, y ayudar a todo niño que se me pusiera por delante, vine a la isla.

Como me quedaban unas asignaturas, no le di mayor importancia al trabajo, pero tres meses después ya estaba trabajando. Trabajo que dejé cuando me llamaron de uno de los colegios de prestigio para impartir clases de francés en el último ciclo de primaria. Al ser una sustitución, estuve solo unos meses, pero fue una experiencia inolvidable. A la vez, también daba clases por las tardes a chicos más mayores, en un par de institutos.

Los padres me escribían notas en las agendas de sus hijos, agradeciéndome la labor que estaba haciendo. Había conseguido que niños que sólo estaban de “oyentes”, aprendieran y les gustara el idioma.

Poco tiempo después… Llegó la fundación. He seguido formándome, recibiendo clases, dando cursos… Un profesor nace y se hace, siempre actualizándose.

Sobreviví a una miss. Y no creo que pueda sobrevivir a una segunda. Niñas, mamá tiene carácter, pero lo que no aguanta es no tener la opción de dar rienda suelta a la creatividad, a la innovación. Me siento como si me hubieran cortado las alas. No uso mis idiomas. No puedo investigar. No puedo, no me dejan, no quiero. Y esto, niñas, aprendedlo ya, no podéis permitirlo. Quiero que saquéis una conclusión de estas palabras.

Aquello que hagáis en el futuro, tiene que ser aquello que os guste, con lo que os sintáis satisfechas, con lo que os de alas para ir siempre más allá del punto final. Te gusta la música, petite, ¿no te gustaría enseñársela a otros? Y tú, ma chère Danièle, ¿te apetece ser maestra y seguir ayudando a los niños con sus tareas?

Querido Diario:

Representamos el paso del tiempo con diversas medidas. Y el paso de los días, los vamos viendo en un calendario. Cuando sois pequeñas, hijas mías, vuestra concepción del tiempo es el ahora. No existe ayer, ni mañana. Solamente el hoy, cuando reís, disfrutáis y compartís vuestro tiempo con papá y conmigo.

Calendario

Tú, ma chérie, te vas dando cuenta de que hay un patrón que se repite, gracias a que tienes una rutina escolar de lunes a viernes. Sabes cuando te toca gimnasia, o cuando trabaja mamá por la tarde. Y ya vas aprendiendo que cada pocos días, toca pelo. La petite en cambio, sigue con el hoy y el ahora.

Después, aprendes a contar, y a restar días. Ahora quedan 10 días para un evento importante. No, hija, todavía queda mes y medio para tu cumpleaños.

Mi calendario está repleto de números, de días importantes, de fechas que recordar. Tu 19 de abril, o tu 4 de julio. A medida que vayáis cumpliendo años, vuestro ciclo vital irá añadiendo nuevas fechas. Algunas felices, otras no tanto, pero lo realmente importante, mes petites, es que disfrutéis del día a día, con ilusión y alegría.

Querido Diario:

Querido diario... lupa

Querido diario… lupa

Si tuviera que contar todas las veces que he tenido que usar mi lupa, me diríais, queridas hijas, que estoy exagerando.

A las recomendaciones de que no juntes el pelo con tus compañeros de clase en el patio, ma chérie, se unen el “no te acerques a la televisión” para retrasar lo más posible, lo que la genética juega en vuestra contra. Pero también el inspeccionar todos los libros y juguetes que caen en vuestra manos. Me negué que tuvierais un cubo de limpieza con escoba y fregona, y ha sido con lo que más jugáis. Evito que comáis algunas cosas, y cuando llega el caso, me pedís permiso. También estáis ojo avizor a dónde me pongo, cuando estáis entretenidas, por si me necesitáis.

Trato de que todas vuestras necesidades estén cubiertas, cojo mi lupa y os miro de arriba abajo, de la cabeza a los pies, usando todos mis sentidos, para que sigáis creciendo felices.

Querido Diario:

niñasDéjame, ma petite, que comience contándole a tu hermana, que cuando ella nació, yo estaba muerta de miedo. Quería que todo lo bueno de este mundo fuera para ella. Después de horas y horas, naciste y la llegada a casa fue una fiesta. Yo no dormía mirándote, viendo como tu pecho subía y bajaba, temerosa de que algo malo pudiera pasarte. Aún recuerdo la primera llamada de la guardería diciendo que tenías fiebre, y como me escapé del trabajo llorando, sintiéndome mal por no haber intuido que estabas mala.

Cuando naciste tú, ma petite, recuerdo que pregunté a más de una persona, cómo sería capaz de querer a la petite como te quería a ti, mon aînée. Viniste callada pero enseguida te hiciste un hueco dentro de nosotros. La familia no ha sido completa hasta que tú llegaste.

Vosotras lo estáis haciendo fácil.

Me quitáis el sueño, involuntariamente. Pero me dais alegrías cuando me ponéis morritos, o me abrazáis al estilo oso. Cuando vienes contenta del colegio, porque ya te han pasado a la siguiente letra, o cuando os veo jugar juntas. Cuando la petite canta en francés, y tú la sigues.

Confesiones navideñas

Queridas hijas,

Estas fechas son mágicas. Pasamos más tiempo juntas y vemos más tiempo a la familia. Además las tradiciones -francesa y española- se juntan,  este año hemos podido pillar a Papá Noël y ¡hasta darle un abrazo de oso! En unos días, vendrán los Reyes Magos, e iremos a la cabalgata a ver como la magia se funde con la luz y el color. Y vuestro padre y yo estaremos encantados de ver vuestras sonrisas y como se iluminan vuestras caritas al paso de las diversas atracciones.

Papá Noël fue mágico, pudisteis pillarlo justo cuando entraba por la ventana y os estaba colocando los regalos. ¡Qué cara de emoción tenías, Danièle! La petite, en cambio, estaba más asustada, y no comprendía bien en qué consistía la visita del señor gordo con barba blanca. Pero os encantaron ambos regalos, la muñeca que habías pedido para ti y tu hermana. ¡Y disfraces de la película!

noelY nochevieja, qué os voy a contar, mamá se pone un poco boba, porque disfruta dos veces de las uvas. Le gusta ver las campanadas en horario peninsular, aunque sólo las come…

Una hora después. En esos momentos, es cuando a mamá le gusta estar sola. Y papá le viene a dar un beso.

Este año fue distinto, y fuimos a una fiesta con amigos. Aguantasteis mucho. Danièle hizo amigos, más mayores que tú, pero bailaste, reíste… Tu primera fiesta. Hasta la una y media… Y al día siguiente, más. Fue un fin de año y entrada en el nuevo, estupendos. Y yo, por primera vez, comí las uvas escuchando la radio.

Haciendo amigos

Pero también son fechas de reencuentro y de tristeza. Hoy sería el cumpleaños de vuestra grand-mère, a la que no habéis llegado a conocer. Hoy podríamos estar en Zaragoza disfrutando de una navidad distinta, con todos los primos. Y las cenas que hemos tenido no habrían sido tan solitarias, aunque vosotras no lo hayáis notado.

El espíritu de la Navidad sigue estando, pero me gustaría que hubiera sido de otro modo.