Autonomía infantil

Educar es ayudar al niño a ser independiente, autónomo, a valerse por sí mismo y a saber tomar decisiones.

Aprender es aceptar las consecuencias de sus actos.

Es importante el ejemplo, la coherencia, la constancia de los adultos, y aunque me pese, la aprobación social.

Estas son las conclusiones a las que se podían llegar, en la charla que organicé en el colegio sobre autonomía infantil.

Los niños aprenden a ser autónomos con los pequeños gestos y rutinas que establecemos en el hogar, en la guardería o el colegio… Ellos aprenden con rapidez, porque no hay cosa que deseen más que “ser mayores”.

Es importante que los padres estén convencidos de que la tarea o la rutina establecida es lo mejor para sus hijos, así se les muestra confianza y ellos se sentirán capaces de realizarla.

De igual modo, los padres debemos actuar como simples espectadores, aunque sí dirigiremos la acción de manera verbal. Si el niño no consigue hacer la tarea (estamos hablando de atarse los zapatos, abrocharse los botones, cepillarse los dientes…) le podemos ayudar, pero verbalmente, es decir, explicándole cómo hacerlo de manera independiente.

En todo momento de la tarea, estaremos con ellos, intentando que no abandonen la tarea e incentivando su capacidad de desarrollarla.

Autonomía infantil

Si mostramos nuestra decepción, que no sea porque no ha podido hacerla, sino porque no lo ha intentado.

Con edades entre 7 y 12 años, la psicóloga escribió una frase que debería definir esta etapa:

“Hoy vas a hacer esto solo y sé que lo vas a hacer bien.”

Y después de la teoría, la práctica. Considero, como madre que debemos dejar a nuestros hijos la suficiente libertad para intentar cualquier cosa. Es lógico que nos preocupemos en todo momento, cuando estamos seguras que se van a caer de la escalera, por ejemplo (ese instinto de madre, que nos hace adelantar las situaciones), pero debemos dejarles la autonomía de saber dónde está el límite.

Muchas de las veces que escribo los posts sobre las Genovevas, me refiero a l’aînée, ya que es la que me va mostrando el camino de lo que necesita y de lo que yo misma necesito. Ella es feliz cuando me ayuda a preparar la comida, o hace la cama sin que nadie le diga nada, simplemente porque sale de ella ayudar y hacer tareas “de mayor”.

La psicóloga nos indicó que es correcto irles dando pequeñas tareas a los niños para que vayan sintiéndose importantes. Y hasta, más adelante adelantarles una paga. Punto este en el que no estoy del todo acuerdo. Aunque supongo que todo llegará.

Que los niños preparen su ropa para el día siguiente, o la mochila, que se abrochen el babi o se aten los zapatos son tareas pequeñas para nosotros, pero que ellos deben aprender, y ¿qué mejor momento que cuando ellos lo piden?

Los padres, y profesores, debemos escucharlos y respetar su ritmo, y su deseo. Y sobre todo, no hacerles la tarea en cuanto ellos desisten, o no lo intentan. Queremos que sean autónomos, y esa autonomía, reforzará su autoestima, al ver que son capaces de hacer cualquier cosa por sí solos.

Otro ejemplo, cuando l’aînée comenzó a leer, su primera frase era siempre “no puedo”. Hemos ido corrigiendo esa actitud, y ahora cuando, adelantada ya, le decimos que antes no sabía leer alguna palabra, se echa a reír.