Cuando mamá tenía 20 o 21 años, decidió que para completar su enseñanza, debía pasar por la prueba de Francés de la EOI. En un año, sacó el curso inicial y el avanzado. En el avanzado, además de un examen escrito, había uno oral.
Mamá se presentó delante de los dos examinadores y esperó que le preguntaran. Creo recordar que había un texto primero, sobre el cuál había que verter tus opiniones. Y aquello derivó en un momento de tensión.
El texto hablaba de la educación de las mujeres, y de lo que comenzaba a ser escuchado como una lacra social, la violencia física hacia las mujeres.
Sé que mis palabras resultaron distintas a lo que los examinadores esperaban, sé que ahora no pienso como antes, y que vosotras, hijas mías, conocéis que todos somos iguales, que somos armonía de colores, y que levantar la mano, a quien sea, no debe ser tolerado.
En mi inocencia, de quién comienza a volar libre por el mundo, comenté que muchas mujeres se dejaban “querer” de más, que tal vez, tuvieran ellas la debilidad de quedarse con sus parejas.
Que las mujeres tenemos el espíritu y la educación de saber cuando parar, y huir de los momentos malos del acoso y de la violencia de los hombres.
Años después entendí que el sentimiento tan fuerte que se instaura en una relación, el amor, puede nublarnos la mente, y hacernos pensar, como mujeres que somos inferiores a ellos, el sentimiento de culpabilidad aflora entonces, y hasta pensamos que la acción de levantarnos la mano nos la merecemos.
Pero no, hijas mías, nadie debe haceros dudar nunca de lo especiales que sois, de lo buenas e inteligentes que intentamos que seáis. Deseo que vuestro juicio no se vea nublado nunca por ningún sentimiento que impida veros tal y como sois.
Yo lo comprendí tarde, salí de una relación en la que daba más que recibía, pero estaba tan cegada por aquello que pensaba que era amor, que no veía las cosas malas. Me hice pequeñita, y sólo conseguí salir de aquello, gracias a vuestro padre.
Comprendí las caras de asombro de los examinadores, yo entendí que el juicio de aquellas mujeres que sufrían la violencia de sus parejas estaba distorsionado, y que costaba mucho hacerles ver la realidad que vivían. Por ello, si alguna vez, conocéis alguna situación así, o si os veis envueltas en una así, pensad que la gente de vuestro entorno es la que os apoyará y dará sentido a la vida, la que realmente es.
