Fin de la lactancia materna

El jueves pasado, la petite comenzó a quejarse de la boca. Decía que le dolía, que tenía pupa. Y lloriqueaba. Por la noche apenas cenó, y no quiso teta. Los días siguientes, fueron a más. Tenía una pequeña llaga en un lateral de la boca, y seguramente tenía otra en el lado contrario. Con lo que, el padre comenzó a darle una pomada que ya habíamos usado en tiempos con l’aînée, y que yo había olvidado que habíamos pasado por esto mismo.

El domingo amaneció bien, sin lloros, y sin quejarse. El padre la medio engañó diciéndole que tomara tetita, que así se le curaba. Y algo descargó. Pero enseguida lo dejó. Así llegamos al domingo por la noche, en la que ella, a la pregunta de si quería teta, antes de dormir, me decía que no. Que “teta no, mamá”.

Y así acabó mi historia con la lactancia materna de Yvette. El lunes por la mañana, l’aînée me explicaba el porqué su hermana ya no quería teta:

Mamá, es que ya es mayor, y quiere ser como yo.

Entendido hijas. Crecéis, os hacéis mayores, o como dice la petite:

Nani es grande, yo soy mayor.

Han sido dos años, cuatro meses y unos pocos días más, maravillosos. Me queda una pequeña pena por pensar que la conexión que tengo con la petite no será igual, pero me alegra saber que voy a dormir como mínimo… ¡Quince minutos más!