Los berrinches o rabietas infantiles rabietas infantiles hacen mención a los sentimientos que muchos niños tienen de frustración por no poder obtener aquello que desean y su manera de expresarlo es mediante el enfado y la rabia.
Suelen comenzar a los dos años de edad, cuando los niños están haciendo avances en su autonomía y no les gusta oir un NO ante sus deseos y/o peticiones.
¿Tu mejor defensa? Como le dije a Ainara (piezecitos), evitar en la medida de lo posible aquellas situaciones que provoquen una rabieta.
De acuerdo con los expertos, (pediatras, psicólogos, maestros) estos comportamientos descontrolados surgen por la dificultad de los niños de expresar sus emociones debido a que se encuentran en una etapa de exploración y conocimiento de su yo y de su entorno.
Estoy segura que todos habéis vivido una situación de rabieta en un momento de cansancio o hambre de vuestros hijos. Incluso nosotros, ya adultos, hay veces que nos sentimos tan cansados que, si no supiéramos que se trata de una emoción, también tendríamos un berrinche. Por ello, es tan importante que sepamos ayudar a nuestros hijos a canalizar sus emociones, y sus rabietas, en un marco, siempre, de respeto por lo que siente en ese momento.

Buscando información para poder contestar las preguntas más específicas de Ainara, además de lo que hacemos en casa, me he encontrado con que las situaciones que provocan rabietas han sido divididas por una escritora de libros para padres, Solter, en tres. A saber:
- cuando el niño tiene necesidades de tipo físico (hambre, sed, sueño) y no podemos darle respuesta.
- cuando el niño tiene una información equivocada o insuficiente de la situación en la que nos encontramos.
- cuando el niño necesita descargar tensiones presentes o pasadas.
Todas estas rabietas pueden ser fácilmente evitables, si está cansado, no lo llevamos a dar una vuelta, si está enfadado, tratamos de dar salida a esa emoción, y conseguir que piense en otra cosa…
¿Qué debemos hacer si no conseguimos evitar la rabieta?
Lo principal es tener calma. No vamos a ayudar a nuestro hijo si nos ponemos a gritar, perdemos los nervios, o pasamos de él. Debemos intentar comprender el motivo por el que el niño se enrabieta, y tratar de ayudarlo. Y con calma es más fácil.
Si actuamos con respeto, el niño lo entenderá, quizás no al principio, pero irá viendo que si lo calmamos, y le vamos diciendo que solamente cuando esté tranquilo, hablaremos con él, e intentaremos llegar a un acuerdo, porque con sus lloros no lo entendemos, o con los gritos no lo escuchamos correctamente. Tratará de hacerse entender.
Una cosa que me funciona con las Genovevas es hablarles con suavidad y abrazarlas. Lo primero ayuda a tranquilizarlas, y lo segundo ayuda a verse protegidas, a sentirse con ganas de expresarse. Cuando son mayores, mirarles a los ojos, y que ellos sientan que son escuchados es fundamental. Cuando tienen cinco años, con el trabajo previo del conocimiento de las emociones, los niños pueden saber qué les pasa, o por lo menos saber que están en un estado que no les gusta, y por eso, sentirse escuchados y comprendidos ayuda mucho a su autonomía emocional.
Uno de los miedos de las madres y de los padres es que si los niños montan un espectáculo en público, los demás se queden mirando, y el niño pueda ejercer esa presión a su favor. No hay que caer en ese “chantaje”. No por montar el espectáculo, vas a conseguir lo que quieres. Es importante que sientan que la autoridad la seguís teniendo. Que por mucho pataleo porque ahora quiere ir al parque, o ahora quiere galletas, no hay que dejar que se salga con la suya.
Tened en cuenta, que las rabietas de un hijo, sólo incumben a sus propios padres, no conocen aún la vergüenza, así que tratad a vuestro hijo con calma, paciencia y mucho amor.
Un ejemplo: la petite (3 años) quiere galletas. Ahora. Ya. Y no tengo. Puede enfadarse, o llorar hasta que lleguemos a casa y pueda coger las galletas. O puede esperar contenta hasta llegar a casa diciéndole que nos cuente que tal ha ido el día, con quién o a qué ha jugado en el patio… Con niños pequeños, entre 2 y 4 años, cambiarles el asunto suele funcionar. Cambiemos el deseo por la comunicación.
Para ayudar a encaminar la frustración de los sentimientos de los niños, recomiendo actividades emocionales, como jugar a poner caras y expresar el sentimiento: cara sonriente, estoy feliz. Cara llorando, estoy triste… Mirarse en el espejo, o entre madre/padre e hijo. O juegos con plastilina, ceras, lápices, etc, de pintar las emociones, de modelar las expresiones…
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