Las tres y el insomnio no le deja dormir. Coge la flauta. Se asoma a la ventana, escucha, deja que sus labios transmitan la melodía a la flauta, que acalla por unos instantes la noche estrellada.
La señora Lola pasea sus atigrados encantos por el tejado de enfrente. Atraídos por sus maullidos, dos galanes aparecen por la esquina. Don Giuseppe y Don Bernard erizan su lomo al verse. El duelo es inmediato.
Giuseppe avanza con paso firme, arquea el lomo y bufa. Bernard se pierde en los movimientos seductores de la gata. Lanzan su ataque. Son cuatro minutos en los que los plañideros lamentos se mezclan con bufidos de rabia, Giuseppe abandona a su herido compañero. Se acerca a la señora Lola, lame su pata herida, atusa sus bigotes y se entrega al amor encelado de la gata.
La serenata de la flauta junto al influjo lunar acallan el episodio.