Horizonte azulado

Contemplaba pacíficamente como las olas bañaban sus pies. Escuchaba los lamentos susurrados en “la mayor” que provenían de los cantos lejanos de aquel azulado horizonte. Y recordó aquella infancia cerca de la costa, cerca del mar, donde pasaba las tardes sintiendo e imaginando.

horizonte azulado

Los peces saltaban a estribor, cuando por primera vez, embarcó en un barquito de pesca. Los delfines aparecieron tan sólo unas horas después de echarse a la mar. Los acompañaron durante un trecho del camino, mientras él preparaba las redes de captura. Los brillos del sol se reflejaban por todo el azul del océano, y marcaban, difusamente un camino que llevaba hacia el recto horizonte.

El capitán le explicó como era la vida de un marinero. La vida del océano.

“Desconocemos todo acerca de este paraíso. Sólo conocemos un fragmento de todo esto, apenas

una gota de la inmensidad que nos rodea - piopialo       
y nos desnuda. Y nosotros somos esa gota, algo perteneciente a un espacio y a un tiempo, efímeros y distantes.”

Un alga verde y lánguida asomó bajo la espuma del mar, y se posó sobre la arena fina y rubia de aquella playa.

Paseó la mirada hacia la lejanía y unos pasos bailados siguieron la soledad del momento. Una isla parecía destacar a lo lejos. La isla fantasma, la que aparecía y desaparecía a su antojo.

“Todo era quietud, paz, soledad en esa isla de limpias arenas negras, surcada por riachuelos, con extraños carneros, poblada de ricos frutos y de gratos aromas.”

Pasaron años y años, descubrió nuevos paisajes, colores diversos, las arrugas hicieron mella en su piel, sus manos fuertes y trabajadas aparecían cansadas y débiles, los sonidos se perdían por su cabeza, tratando de encontrar un camino, desaparecía el olor salado que lo había acompañado toda su vida…

Horizonte azulado: una historia de La Ciudad del Viento

Todo el aprendizaje de los primeros años como marinero le venían a la memoria. Recordó escalas en islas y puertos, lugares en el mar, estrellas que hacían de guías, lunas refulgentes que jugaban al escondite.

Y él, de pie, frente a todo, tras el paso de los años, continúa mirando al horizonte en busca de esa isla de aves y plantas exóticas, seres extraños, arroyo cristalinos, aromas dulces, tiempos apacibles y frescos, nieve en el reino del aire, mar limpio repleto de peces de mil tonalidades, gigantescos dragos que parecen dragones, montañas de formas redondas, barrancos abismales.

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