Hoy leemos: Hay un hipopótamo en la bañera

Cuando escribí la reseña de “Hay una vaca en la nevera“, no me podía imaginar que la librería me llamaría para decirme que el segundo álbum de esta serie ya lo tenían. Y si, rauda y veloz, fui a buscar “Hay un hipopótamo en la bañera“. Nos habíamos quedado con ganas tras el final del primer libro, sobre que hubiera sido peor encontrarse un hipopótamo en la bañera. Y así es como han dado paso Amaia Cía y Ricard Zaplana a este segundo libro.
hipopótamo

El domingo por la mañana mi madre me despertó gritando desde el baño:
-¿QUIÉN HA METIDO UN HIPOPÓTAMO EN LA BAÑERA?
Mi cerebro pasó del descanso a la máxima actividad en un segundo, batiendo su propio record.
«Piensa, piensa, piensa…», pensé.
La lista de cosas metidas en sitios INCORRECTOS era bastante larga: medio bocadillo de mortadela en el fondo de la mochila (se me olvidó tirarlo a la basura el martes pasado); un calcetín de deporte en el acuario de peces tropicales de papá (mi intención era que cayera en el cesto de la ropa sucia pero me falló la puntería); dos dedos bastante limpios en el bote de la nata montada (¿quién es capaz de ver un bote de nata montada sin meter el dedo?)…

Sobre meter hipopótamos en bañeras no recordaba nada.

De esta guisa comienza esta divertida historia, en la que el niño protagonista idea la manera de que su madre acepte tener también a un hipopótamo. Y esa idea no es otra que convertir al hipopótamo en vaca, ya que toda la familia se ha acostumbrado a convivir con Carola Quesodebola. (me encantan los nombres elegidos)

Pero no sabéis lo difícil que es convertir un hipopótamo en vaca. Por mucho que lo intenten (el niño, la hermana, la vaca y el hipopótamo), el hipopótamo -convertido en vaca- tiene melancolía.

Hay un hipopótamo en la bañera

Y eso que el animal adora hacer las cosas que le han enseñado, y que la familia lo ha admitido como un nuevo miembro, y que la tía Hipólita lo ha acogido como si fuera su propio hijo… Será porque son como dos gotas de agua… Y a las ilustraciones me remito…

Pero como decía, el hipopótamo se pone melancólico, añora su continente y… El final tendrás que leerlo… Porque además… La familia recibe una postal firmada por un tal “Hipo” que no sabemos si se trata del hipopótamo o de la tía Hipólita. En cualquier caso, yo solamente os digo que la madre no gana para sustos, que después de una vaca y un hipopótamo, parece ser que habrá una continuación, y no vendrá en forma de un animal, sino de varios… Si queréis saber quienes vendrán y conocer qué hizo el hipopótamo, leed el libro, o haced que vuestros hijos os lo lean, pasaréis un buen rato, lleno de risas y complicidad.

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