Llegué cuando la noche se hacía violenta y salada. El viento arrastraba el triste lamento de unas notas perdidas de un cantar, que hice mío. Evoqué un último aliento sobre la arena, que, bañada de espuma, borraba las huellas de cualquier presencia.
Las conchas que habían formado mi nombre fueron barridas, empujadas hacia el mar.
El faro pestañeante respondía al eco de mi voz. Un golpe de aire me tiró al suelo, soltó mi pelo, y me cubrió de arena. Se desdibujaron las ideas, los cantos y el rojo de mis labios. Se escaparon las risas y el iris de mis ojos. Un lunar desapareció. Mi ropa voló entre las nubes.
Caminando hacia delante, fui desabrochando mi alma, botón a botón. Plegué las mangas, doblé el cuello, estiré los puños, alisé las arrugas… La dejé sobre la arena, rodeada de piedras, y sonriendo. Allí, junto al mar, mi alma descansa.
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Te vas Alfonsina… tan triste como bello, Marta.
Gracias Pilar!
Coincido con Pilar, bello y triste a la vez… Me has dejado sin palabras hoy, querida Marta.
Besicos
Gracias, mon ami!
Ay Marta, solo me sale suspirar!!! me has dejado sin palabras…
Oh!! Gracias guapa!
Precioso y como siempre con ganas de que suguierean otras 150 palabras mas.
Muchas gracias tocaya!
Precioso… no hay mucho más por decir.
Gracias
Debo ser sincera: tu relato quedó deambulando en mi cabeza. Me fascinó la forma en que describiste ese evento trágico en la vida de Alfonsina, en una forma poética muy digna de ella. “…fui desabrochando mi alma, botón a botón…” hermoso.
Brillante! Que fuerza y que sencillez…Me dejas sin palabras. Se nota que te ha motivado la historia de Alfonsina. Ole ole y oleee
Muchas gracias, monstruo!
Muy lindo Marta! Lindísimo!!
Muchas gracias!
Desconcertante.