Levantaba el dedo, señalaba, seguía el contorno, como si ella fuera la pintora del cielo, mientras las nubes avanzaban hacia el encuentro, les daba forma, e inventaba: un árbol con manzanas, una silla, un elefante…
Abrir y cerrar.
Pintar e imaginar. Cerró los ojos y memorizó el dibujo. Buscó unir todas aquellas nubes en una sola historia. Había una vez un caballito de mar que quería conocer mundo….
Abrió los ojos. Azul. Las nubes habían desaparecido. Se habían ido hacia las montañas, desapareciendo tras ellas. Esperó. Una nube grande venía en su dirección. Trató de imaginar que forma darle. Pero era tan grande que no encontraba nada a lo que parecerse. Su dedo comenzó a trazar el filo de la misma. Pero la nube tenía su propia historia, no podía encajarla con la anterior. La miró desde otro ángulo. Y comenzó un cuento sobre la nube que no tenía forma.
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lo divertidas que son las nubes y la de buenos ratos que me han hecho pasar imaginando lo que eran y lo que hacían… qué buenos recuerdos!!!!!!!!!!! un besazo y feliz día
Que bonitos este texto sobre las nubes!!!!
Bien hecho, si la inspiración no viene de una manera que venga de otra
)
A riesgo de ser repetitivo, soy muy fan de tus historias (desde Galatea ya, como bien sabes
Besicos amiga Marta.
(Perdón por este comentario, es para que los siguientes me lleguen al correo…
)