Cuento africano de animales

Todos los niños del mundo saben que hay un animal pequeño, pequeño y con bigotes que asusta a uno de los animales más grandes que conocemos. Si os digo que estos animales viven de preferencia en África, ¿qué animales creéis que son?

¡El elefante! ¡El ratón!

Pero además, hay un tercer animal que también vive en África, y que es tan grande como el elefante. ¿Cuál puede ser?

¡El tigre! Podría ser, pero no es. ¡El león! No, es más grande.
¡La jirafa! Podría, con ese cuello tan largo que tiene, pero no es. ¡El hipopótamo! ¡Exacto!

Esta es la historia de un ratoncito muy listo. Y de un elefante. Y de un hipopótamo.

¿Queréis escucharla? Síiiiiii

Cuento africanoCierto día, un ratón malhumorado iba caminando por un sendero… Y digo malhumorado, porque cuanto más pequeños son los animales más enfadados parece que están. Además, este ratón iba murmurando hacia sus adentros “porque sí, porque no, porque lo digo yo”. En éstas estaba, cuando se chocó contra algo. Este ratón, que además de arisco era un poco cabezota, caminó dos pasos hacia atrás, y volvió a avanzar “porque sí, porque no..:” ¡Plaf! Volvió a chocarse. Y lo volvió a intentar una tercera vez. Y hasta una cuarta, y una quinta. Lo intentó una sexta vez, y a la séptima, comenzó a crecerle un gran chichón en la frente.

Así, que se paró. Se rascó la frente, y miró hacia arriba para ver contra qué se había chocado. ¿Un árbol? No, era un elefante. Un enorme elefante que estaba intentando alcanzar unas hojas. Así que, ni corto ni perezoso, el ratón le dijo al elefante:
Elefante, quítate de mi camino… ¡Pero ya!
Y el elefante seguía cogiendo hojas, sin oírlo.

¿Sabéis como son las orejas de los elefantes? ¡Grandes!

Pero a pesar de ser tan grandes, los elefantes son muy duros de oído. Esto significa que no escuchan casi.

Elefante, quítate de mi camino… ¡Pero ya!” volvió a repetir el ratoncito.

Viendo que el elefante no le hacía caso, decidió gritarle:
Elefante, quítate de mi camino… ¡Pero ya!

El elefante escuchó esa voz, y miró a ambos lados. Miró a su derecha. Y no vio a nadie. Miró a su izquierda, ¿y pensáis que vio a alguien? ¡No! Exacto, el elefante no vio a nadie, y siguió comiendo hojas.

Elefante, quítate de mi camino… ¡Pero ya!

Ahora sí, el elefante miró hacia abajo y vio al ratón enfadado señalándole con el dedo y repitiendo que se quitara de su camino.
El elefante se echó a reír y le dijo que estaba ocupado, que diera un rodeo. El ratón, que no le gustó esa respuesta, le contestó que: “¡ah sí! Pues ahora mismo traigo una cuerda, y ambos tiramos, si yo gano, me dejas pasar”.
Y el elefante aceptó. ¿Cómo iba a poder un ratón tan pequeño ser más fuerte que él?

El ratón dio media vuelta y fue a buscar una cuerda.

Ensimismado en sus pensamientos estaba, y murmurando otra vez “porque sí, porque no, porque lo digo yo”, que volvió a toparse con algo. Y otra vez, y otra. Así hasta seis veces. Porque aunque era un cabezota, sabía que a la séptima le saldría un chichón.
Miró… Y vio ¡un hipopótamo!

Hipopótamo, quítate de mi camino… ¡Pero ya!

¿Sabéis como son las orejas de los hipopótamos? ¡Grandes! ¡Pequeñas!
Sí, son orejas pequeñas, pero al revés que el elefante, los hipopótamos escuchan muy bien, y al escuchar al ratón, se giró, y le preguntó que quería.

Hipopótamo, quiero que te quites de mi camino, ¡pero ya!

El hipopótamo tan grande y pesado como es le dijo que en ese momento no podía, que tendría que esperar.
Pero el ratón no se conformó, y como al elefante, le propuso que hiciera una prueba de fuerza. Él traería una cuerda, y cada uno desde un extremo, arrastraría al otro. El que lo consiguiera, ganaba.

Trato hecho, le respondió el hipopótamo. Así que vemos al ratón yendo a por la cuerda, “porque sí, porque no, porque lo digo yo”, y darle un cabo al hipopótamo.

“Aquí tienes, coge la cuerda con la boca y espera que yo me ponga en el otro lado”.

Fue hacia el elefante, “porque sí, porque no, porque lo digo yo”, arrastrando la cuerda, hasta que llegó al elefante, y le dijo, “elefante, coge esta cuerda con tu trompa y espera que me ponga al otro lado”.

Está bien, le dijo el elefante. Avisa, cuando haya que tirar.

El ratón se fue hacia el centro de la cuerda, vio que ambos lados estaban tensos y gritó a ambos animales: “¡ya puedes tirar!”

Y el elefante, que pensaba que el ratón no tendría fuerza, hizo un pequeño gesto con la trompa para tirar de la cuerda. Y el hipopótamo desde el otro lado, que pensaba lo mismo, tiró mínimamente de la cuerda. Entonces, el elefante que notó resistencia se dijo, ¿cómo puede ser que el ratón sea tan fuerte?” y tiró un poco más. Pero el hipopótamo desde el otro lado, que no quería lastimar al ratón, se dijo “pero cómo hace el ratón para estar tan fuerte?” Y tiró otro poco más. Y así estuvieron ambos animales un rato largo, mientras el ratón, desde el centro de la cuerda, iba viendo como ésta se movía hacia un lado, y hacia otro.

Elefante e hipopótamoHasta que se cansó, y cogió unas tijeras. ¿Sabéis que hizo con ellas?
¡Cortó la cuerda por la mitad!
Y tanto el elefante como el hipopótamo ¡se cayeron de culo!

Desde entonces, el elefante cada vez que ve un ratón, pega un salto y se asusta, no vaya a ser que el ratón que se encuentra sea un familiar de aquel ratón forzudo.
¿Y los hipopótamos? Éstos decidieron esconderse en los ríos, y sólo asoman los ojos, para no tener que volver a encontrarse con ningún ratón forzudo.
Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

33 pensamientos en “Cuento africano de animales

  1. Que chulo, este le va agustar mucho a la bichito, a ver si me lo imprimo y se cuento, que estamos de los tres ositos y ricitos de oro hasta el hornito………..ajajja. besetes

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