Estos días he estado ocupada con cosas del AMPA, preparando varios proyectos, diseñando, escribiendo, comprando, doblando hojas, y hasta metiendo caramelos en bolsitas.
Una tarde, en la que l’aînée me vio recogiendo las bolsitas de plástico y los caramelos, me preguntó que si me ayudaba. Que ella era muy buena, y quería compartir su tiempo conmigo. Aunque tenía previsto que fuera mi junta la que se encargara, no pude negarselo. Y así nos vimos trabajando juntas. Ella pegaba la etiqueta de feliz navidad en las bolsitas, y me las iba pasando para que las rellenara de caramelos. Cuando no veía algún color de caramelo, ella me ayudaba a encontrarlos en la caja de zapatos donde los íbamos metiendo. Como sólo eran bolsas para los tres cursos de infantil, acabamos muy pronto.
De este episodio me quedo con varias cosas, mi hija está dispuesta a colaborar siempre que alguien lo necesite -me contaba que en el colegio ayudaba a los niños con la comida, o a llevarlos de un sitio a otro… Y en casa, ayuda a su hermana-; que no espera una recompensa -sobraron caramelos, claro, y de esos, dijo de compartirlos con sus mejores amigos-; que le gusta hacer cosas conmigo -no me cabía la mejor duda, pero es bonito vivirlo-. Además entrenamos las cuentas, contó las etiquetas de la hoja que le faltaban por pegar, y me ayudó a hacer paquetitos de cinco caramelos.
El día del festival, estoy segura que cuando vea que el rey mago le reparte una bolsita con caramelos, dirá que ella ayudó a prepararlas.

